Francisca Fernández, una doble F que siempre asocié con la
felicidad acompaña mis nombres.
Y esa soy yo caminando por esta vida, todavía, aunque las
chances de sobrevivir desde mi nacimiento hayan sido consideradas casi nulas
por toda mi parentela.
Pasé mi primer mes de vida “escondida” a la vista de la
familia paterna y materna, por un
nacimiento demasiado “prematuro” y que debía ser ocultado por poco verosímil,
al menos durante un mes. Terminé entonces dando mi primer alarido en una fecha
patria elegida por mis padres. El feriado venía bien para recibir visitas y
regalos.
Con el tiempo una serie de malos datos y caballos que no
corrieron como se esperaba hicieron que pronto cambiáramos de casa y de ciudad
de residencia. Córdoba, Rosario,
Con muchos años más sigo prefiriendo los lugares de
tránsito. Los aeropuertos, las estaciones de trenes y las de servicios, los
puertos y todos los caminos. Aún los que no llevan a Roma me fascinan.
Amo ese momento del tránsito entre un lugar y otro, ese
tiempo en el que la vida queda suspendida: no estoy en ningún lado y todo lo
que tengo que hacer es esperar. Ninguna obligación, ningún trabajo, nada de
presiones. Tal vez, en el mientras tanto, leer, mirar una película, escuchar
música y al llegar a destino, comenzar a imaginar nuevamente el próximo viaje
que me llevará otra vez a la felicidad en tránsito. Doble felicidad como las F
de mis nombres.
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