lunes, 6 de agosto de 2012

Presentación olvidada


Francisca Fernández, una doble F que siempre asocié con la felicidad acompaña mis nombres.
Y esa soy yo caminando por esta vida, todavía, aunque las chances de sobrevivir desde mi nacimiento hayan sido consideradas casi nulas por toda mi parentela.

Pasé mi primer mes de vida “escondida” a la vista de la familia paterna y materna,  por un nacimiento demasiado “prematuro” y que debía ser ocultado por poco verosímil, al menos durante un mes. Terminé entonces dando mi primer alarido en una fecha patria elegida por mis padres. El feriado venía bien para recibir visitas y regalos.

Con el tiempo una serie de malos datos y caballos que no corrieron como se esperaba hicieron que pronto cambiáramos de casa y de ciudad de residencia. Córdoba, Rosario,  
La Plata, otra vez Rosario y La Plata terminaron haciendo de mí una persona nómade, lo que contribuyó en algunas oportunidades,  ya de adulta, a salvar mi vida.

Con muchos años más sigo prefiriendo los lugares de tránsito. Los aeropuertos, las estaciones de trenes y las de servicios, los puertos y todos los caminos. Aún los que no llevan a Roma me fascinan.
Amo ese momento del tránsito entre un lugar y otro, ese tiempo en el que la vida queda suspendida: no estoy en ningún lado y todo lo que tengo que hacer es esperar. Ninguna obligación, ningún trabajo, nada de presiones. Tal vez, en el mientras tanto, leer, mirar una película, escuchar música y al llegar a destino, comenzar a imaginar nuevamente el próximo viaje que me llevará otra vez a la felicidad en tránsito. Doble felicidad como las F de mis nombres.

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